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Calidad, precio y lealtad a la marca, ¿otro Juego de Tronos?

Calidad y precio son factores importantes que suelen impulsar la decisión de compra. De hecho, el precio es uno de los factores que más influyen a la hora de adquirir o no producto.

Pero el precio no es el gato que caminaba solo. Es más, si nos fijamos en cualquier búsqueda de una oferta cuya premisa sea pagar menos, de manera casi imperceptible, la calidad también asoma las orejas. ¿Cómo? En forma del conjunto de requisitos que consideramos imprescindibles para comprar un producto a cierto precio.

 

La calidad es más difícil de definir. Sin embargo, es un factor que de una manera u otra siempre está presente y acompaña a otros determinantes de la decisión de compra como, en nuestro caso, el precio. Viéndolo de este modo surge la incógnita ¿quién tiene más poder para ganar este Juego de Tronos?

Al final, el concepto de calidad representará todos los factores más allá del precio -como la información, las comodidades que ofrezca el proceso de compra, así como servicios postventa y otras cosas que sean importantes para el cliente- pero estará íntimamente ligada al dinero.

Por su parte el precio afectará a la imagen que el usuario tiene de la marca y la confianza que le transmite. Un precio excesivamente bajo puede llegar a generar desconfianza acerca de un producto. Pero ¿qué pasa cuando el precio sube hasta alcanzar el nivel más elevado dentro de su categoría de producto?

 

Reconocimiento de marca = Caballo ganador

Recientes estudios han demostrado que, como consumidores, tendemos a hacer las elecciones de compra de una manera racionalmente limitada. La familiaridad o el reconocimiento del nombre generan una predisposición favorable a la compra. Esto permite que muchas marcas tengan un precio más alto que sus versiones “genéricas”. Los consumidores pagan precios más altos por productos de marcas que por sus genéricos porque existe ambigüedad en forma de desinformación o duda sobre la calidad de estos, y el consumidor se ancla en su predisposición hacia los familiares.

Es cierto que cada vez hay una mayor tendencia hacia la comparación. Proliferan las herramientas que funcionan como comparadores, y nos fijamos más en las opiniones de otros usuarios. Es cierto. Pero no podemos negar lo innegable. Cuando un producto alcanza el nivel de familiaridad óptimo se convierte en una opción mucho más segura para el cliente, y estará dispuesto a olvidar por un momento el calibrar la balanza calidad – precio.

Ofrecer un buen producto, servicio al cliente, cercanía… Son algunas de las claves para hacer crecer la familiaridad de tu producto.

¿Cuándo vas a empezar a ganarte a tus clientes?